Aquí podréis explorar virtualmente a través de diversas expediciones a ecosistemas de agua dulce de diferentes localidades españolas así como de otros rincones del planeta. Los protagonistas serán los moluscos y crustáceos, así como también otros invertebrados como platelmintos, cnidarios, poríferos, insectos, etc. En general cualquier invertebrado de agua dulce podrá convertirse en nuestro foco de atención.

Además haremos entrevistas a expertos en el mundo de los invertebrados y de la acuariofilia e intentaremos hablar de noticias y temas de interés general. No olvidéis consultar el Cuaderno de Viaje para acceder al listado completo de artículos del blog.

Espero que disfrutéis de las imágenes y de la variedad de especies que tenemos en nuestras aguas continentales. También deseo que los temas y expediciones os resulten interesantes y que no dudéis en dejar vuestra opinión en las entradas y cualquier tipo de sugerencia. Un saludo cordial desde Alicante. Nos vemos en el agua.


12/9/10

Cría de Alimento Vivo para Invertebrados: Gammáridos

Cría de Gammarus sp.

Filo: Crustacea
Clase: Malacostraca
Orden: Amphipoda
Familia: Gammaridae

Aunque existen más de 30 especies diferentes de este pequeño crustáceo, se suelen incluir todas bajo la denominación de falsas gambitas, cochinillas acuáticas o piojos de agua, siendo algunas de las más frecuentes Gammarus lacustris, G. salinus o G. pulex. Entre tal diversidad de especies, no ha de resultar extraño que podamos encontrarlos desde los arroyos más fríos hasta las costas marinas más cálidas, pasando por charcos temporales, acequias o estuarios, a lo largo de todo el globo, en agua salada o dulce, corriente o estancada y en rangos bastante amplios de temperaturas, dureza o pH entre otros factores. Su tamaño medio oscila entre los 3 mm y 1 cm, aunque existen especies gigantes como los grandes gammáridos del Lago Baikal en Rusia que alcanzan más de 7 cm de longitud.

Gammarus sp. Fuente: Internet

Podemos utilizar los gammáridos para alimentar a varias especies de camarones o cangrejos carnívoros u omnívoros. Este alimento es rico en proteínas y minerales, ya que al ser un crustáceo con exoesqueleto, éste ya contiene por sí mismo sustancias que requieren los grandes crustáceos para desarrollar los suyos propios. Podemos suministrarlos vivos (si vamos a alimentar a crustáceos cazadores) o congelados (si son animales carroñeros oportunistas). En cualquier caso, el liofilizado o deshidratado en esta ocasión resultará poco útil (es el método utilizado para alimento de tortugas de agua) ya que los animales deshidratados flotan sobre el agua, produciendo un acceso difícil para los invertebrados que pretendemos alimentar. Suministrados vivos podemos estimular el sistema inmunitario y el instinto depredador de peces e invertebrados con alguna dolencia. Liofilizados podremos almacenar indefinidamente esta fuente de alimento, y congelados en cómodas dosis de pastillas podremos mantener íntegras sus propiedades alimenticias.

Gammáridos liofilizados como alimento de tortugas y anfibios. Fuente: Internet

Se trata de crustáceos de tamaño diminuto, de apenas un centímetro o dos de longitud, con cuerpo aplanado lateralmente y dos pares de antenas sobresalientes pero no demasiado largas. Su aspecto general es el de media luna acorazada, muy similar a las cochinillas de tierra, con las que están emparentados. Son de movimientos rápidos y se alimentan tanto de materia orgánica en descomposición (animal o vegetal indistintamente) como de microorganismos en suspensión en el agua. En estado natural se reproducen a un ritmo acelerado, incluso cuando se dan temperaturas cercanas al punto de congelación. En cautividad su reproducción es algo más costosa por lo que no debemos desanimarnos si no tenemos éxito en un primer intento.

Primeramente deberemos localizar una población silvestre de donde podamos conseguir los primeros ejemplares. Los mejores sitios son acequias de aguas lentas o bien charcas donde se den en alta densidad. Si elegimos especies marinas o de aguas salobres, bastará con acercarnos a la orilla rocosa del mar para ir captando ejemplares. El mejor método es utilizar una malla o gambero de malla fina, a través de la cual no puedan escapar los adultos.

Su cultivo puede realizarse bien en estanques al aire libre, bien en acuarios dedicados a tal fin. La clave para conseguir que este cultivo sea exitoso es reproducir con fidelidad su ambiente natural. Debemos suministrar agua al tanque directamente de donde hemos colectado los gammarus, agua que será portadora del mismo zooplancton y fitoplancton del que se alimentaban en la naturaleza. Del mismo modo, si hemos conseguido los ejemplares de un ambiente de aguas lentas o estancadas, deberemos eliminar cualquier tipo de remoción del agua. Si hemos conseguido los gammarus de aguas agitadas, bien sean ríos o costas azotadas por las olas, deberemos procurar oxigenar y remover bastante el agua para que las algas y microorganismos de que se alimentan sigan creciendo en nuestro acuario. Otro tanto sucede con la luz. Si el lugar de donde los hemos obtenido estaba totalmente expuesto al sol o en latitudes tropicales, la iluminación sobre el acuario deberá ser intensa. Y así con el resto de factores físicoquímicos del agua (pH, Gh, Kh, temperatura, amonio, nitritos-nitratos, fosfatos, NaCl, KCl, etc.) por lo cual es indispensable hacer una medición paramétrica del agua de dicha zona, a ser posible in situ. Para ello sería también aconsejable realizar dos expediciones, una para medir los parámetreos del agua y observar el ambiente, y una segunda visita, ya con el acuario de cría preparado, para recolectar algunos ejemplares.

Una vez contemplados los parámetros del agua de la zona, sería conveniente hacer un ciclado de al menos dos semanas del tanque donde vamos a mantener y reproducir a los gammarus, incorporando, de ser posible, el 100% de volumen de agua de la zona escogida. De no ser posible, es recomendable un aporte mínimo de al menos el 40% del volumen del tanque, de lo contrario se producirán desequilibrios en la carga bacteriana y de microflora y fauna del agua que serán después difícilmente corregibles. Una vez está hecho este ciclado es el momento de introducir los ejemplares capturados. Un buen comienzo serían unos 20 ejemplares/litro aunque si se aportan en mayor número mucho mejor para iniciar el cultivo.

La instalación del mismo tipo de rocas, sustrato y plantas que en la zona de origen es incluso más indispensable que el hecho de mantener unos parámetros fieles al medio natural. Posiblemente estas especies no se reproduzcan sin la flora típica que crece en su zona.

Gammárido gigante del Lago Baikal (Rusia). Fuente: Internet

Una vez está completo el acuario y hemos introducido los gammarus, si hemos seguido al pie de la letra todos los pasos, ellos mismos empezarán a reproducirse de manera rápida, alimentándose de los microorganismos en suspensión que rondan por el agua del tanque. Podemos suministrarles también hojuelas, gránulos o pastillas de fondo a base de vegetales y extractos de algas para acelerar su reproducción, ya que conforme estos alimentos se descompongan generarán más microorganismos que serán consumidos por los gammarus, quienes también se alimentarán en parte de estos restos de comida. Este hábito es mejor adquirirlo cuando ya tenemos una colonia importante de estos crustáceos y no en las primeras etapas del cultivo.

Cuando apreciemos que su número ya es bastante alto podemos empezar a realizar extracciones, bien de adultos con una malla que deje escapar a los juveniles, o bien con una malla más fina que capte a los de menor tamaño, dependiendo de qué peces o invertebrados vayamos a alimentar.

Un pequeño acuario plantado puede ser nuestra primera experiencia de cría con gammáridos. Autor: Isaac García

Conviene recordar que no es raro fracasar en las primeras experiencias de reproducción de este invertebrado pero que su cultivo aporta múltiples beneficios a nuestros peces y una vez se consigue es muy fácil de mantener. Otra cuestión importante a considerar es que estos pequeños crustáceos, si se introducen vivos en un acuario sin predadores pueden llegar a convertirse en una plaga, si las condiciones del tanque son las propicias. Esto, en algunos casos como los acuarios de pequeñas gambas filtradoras puede ser un grave problema, ya que estos animales en grandes grupos pueden competir con las gambas por la comida o incluso convertirse en diminutas jaurías de depredadores que darán cuenta de zoeas y gambas adultas. Cada tipo de alimento vivo tiene unas prescripciones de uso, y por supuesto también unas excepciones o precauciones a tener en cuenta, como es este caso.

Si quieres descargarte este artículo en formato Word, pincha AQUÍ.

2/9/10

Cría de Alimento Vivo para Invertebrados: Lombricultura

Cultivo de lombrices de tierra (lombricultura):

Dado que la alimentación de los invertebrados es un tema tan importante como variado he creído conveniente publicar algunos "briconsejos" para poder improvisar algunos tipos de cultivo en casa de manera sencilla y económica. Empezaremos con la lombricultura, que es el cultivo o cría en cautividad de lombrices de tierra. Las lombrices se suelen usar en acuariofilia para alimentar a grandes peces carnívoros, pero su uso en algunas especies de invertebrados acuáticos, como los cangrejos de río y los camarones gigantes, es más que aconsejable para aproximarnos un poco más a su modo de alimentación natural. Empezamos pues con el cultivo de estos animales. Este artículo se publicó en Acuavida.com en colaboración con joethepolice, anterior coordinador de la sección de Acuarios del foro y un buen amigo argentino. Las fotografías y el esquema del lombricario son de su autoría.

Phyllum: Annelida
Clase: Oligochaeta
Orden: Haplotaxida
Familia: Lumbricidae

Dentro de las lombrices encontramos varios géneros y especies muy interesantes para su cultivo, desde las especies más comunes en jardines y huertos del género Lumbricus sp. [=Aporrectodea sp.] hasta lombrices gigantes propias de terrenos tropicales como es el caso de Phinodrilus fafneri, que puede llegar a medir varios metros de longitud. La lombriz acuática americana (Eisenia foetida) se reproduce de manera excepcional, siendo la predilecta de lombricultores en muchas regiones del mundo; además esta especie tiene la peculiaridad de poderse mantener en acuarios como un invertebrado más, siempre que nuestro sustrato sea de granulometría fina y le permita enterrarse. En general la mejor especie que podremos cultivar es aquella que se da en nuestro medio más cercano ya que no muestran grandes diferencias en cuanto a alimentación, reproducción o requisitos de mantenimiento. Todas las lombrices se reproducen sexualmente, y para ello sólo son necesarios dos individuos cualesquiera ya que poseen ambos sexos. Tras la cópula una de ellas (o ambas) depositan en la tierra húmeda un anillo carnoso con uno o varios huevos que eclosionan a los pocos días para empezar a alimentarse por sí solas las nuevas lombrices.

Lombriz de tierra argentina. Autor: joethepolice

Para empezar un cultivo de lombrices necesitaremos previamente un contenedor apropiado, de marco de 50 cm x 50 cm y una profundidad de entre 20 y 30 cm aproximadamente. Este recipiente recibe el nombre de lombricario. Puede improvisarse este receptáculo con cajones de plástico o incluso de madera o metal, forrándolos por dentro con un plástico duro (plástico de palé por ejemplo). Las cajas de plástico duro que venden en tiendas multiartículos o las bandejas de laboratorio de PVC rígido servirán también a tal efecto. Una vez tenemos nuestro recipiente debemos disponer una pequeña capa de tierra de unos 5 cm en el fondo y sobre ésta una serie de alimentos para el inóculo inicial de lombrices. Podemos disponer rodajas de patata, calabacín, pepino, alficoz, calabaza, berenjenas o restos de frutas, legumbres y hortalizas varias troceadas, peladas o picadas (incluso previamente cocinadas, no importa). Sobre esta capa de alimento colocaremos el resto de la tierra hasta alcanzar prácticamente el borde del lombricario (dejaremos dos dedos de margen superior). La tierra debe ser de granulometría fina o media, libre de piedras o grava de cantos afilados. Por supuesto no utilizaremos abonos ni tierras con productos químicos. Algunos lombricultores mezclan turba con arena fina y vermiculita para aumentar la aireación del cultivo y así facilitar el movimiento de las lombrices. Una vez lleno el recipiente le colocaremos una tapa para evitar fugas (puede hacerse con metacrilato, plástico, madera tratada o forrada o incluso con film transparente. Dispondremos unos orificios de ventilación en la tapa para evitar condensaciones excesivas de agua. Debemos cubrir estos orificios con malla de rejilla o tela de medias para evitar contaminaciones externas de huevos o larvas de otros invertebrados así como esporas de hongos, etc. Hay quien aconseja colocar ladrillos dentro de la tierra para crear una red de cuevas que puedan utilizar las lombrices para depositar huevos aunque no es estrictamente necesario. La tierra debe mantenerse húmeda en profundidad, nunca encharcada. Esto lo conseguiremos a base de aspersión con una botella y un sifón. Si al meter el dedo en la tierra está húmeda por debajo de los 5 cm será suficiente para que las lombrices se desarrollen, aunque la superficie se vea algo seca. Una vez terminado el lombricario conseguiremos un inóculo de unas 50 a 200 lombrices del huerto más cercano, cavando en la tierra con una azada y sacándolas con cuidado de no dañarlas. Estas lombrices, que pueden ser de muy diversas especies dependiendo de dónde vivamos, se depositarán sobre la tierra húmeda y ellas mismas se enterrarán poco a poco. Dependiendo de la especie, podemos conseguir una producción de entre 2000 y 4000 lombrices de tamaño pequeño-medio por metro cuadrado y año.

Esquema de lombricario de varios estratos. Autor: joethepolice

El lombricario se mantendrá en un cuarto con poca luz ya que las lombrices se desenvuelven mejor en ausencia de iluminación. Alimentaremos una vez cada dos o tres días hasta que la producción esté a pleno rendimiento, entonces alimentaremos una vez al día. Las dosis podrán variar entre 10 ó 20 rodajas de patata (o alimento similar en cantidades proporcionales) por metro cuadrado que colocaremos sobre la tierra o a escasos centímetros de la superficie. Las lombrices son animales descomponedores que ingieren tanto tierra como restos vegetales en descomposición, filtrándolos por un enorme sistema digestivo que constituye todo su cuerpo. Por esto mismo deberemos depurarlas antes de suministrárselas a peces, reptiles o anfibios. La manera de hacer esto es sencilla. Colocaremos las lombrices en un recipiente con serrín húmedo y ellas poco a poco irán expulsando la tierra que contienen en un plazo de 10 a 24 horas. Tras este tiempo podremos suministrárselas a los peces directamente o previamente troceadas, dependiendo de su tamaño. Otro método de limpieza es trocearlas y colocarlas bajo un chorro de agua para vaciar su contenido. Otros acuariófilos recomiendan para realizar la purga de las lombrices utilizar polenta fina (harina de maíz de cocción rápida) ya que las lombrices al ingerir esta mezcla, eliminan la tierra y a su vez es un aporte alimenticio complementario para los peces e invertebrados (realmente es muy recomendable esta práctica).

El mantenimiento de estas especies puede ser un tanto tedioso debido al fuerte olor del material vegetal en descomposición que contiene la tierra y al espacio que necesitan para reproducirse. No obstante estos cultivos ofrecen grandes ventajas a acuariófilos que mantienen especies predadoras de gran tamaño, ya que las lombrices aportan proteínas y grasas esenciales que favorecen y aceleran el crecimiento de los peces. Algunos animales basan su dieta totalmente en lombrices por lo que suministrárselas de manera natural no sólo será beneficioso, sino indispensable para un perfecto mantenimiento de estas especies.

Eisenia sp., una lombriz acuática. Autor: Isaac García

Debemos procurar no sobrealimentar a nuestros peces o invertebrados con lombrices ya que su aporte graso puede ser muy elevado y producir efectos nocivos en la salud de nuestros animales si nos excedemos. Además el suministro continuado de lombrices tiene en algunas especies efectos laxantes. No obstante, suministrar este alimento al menos una o dos veces por semana será un factor muy beneficioso para los habitantes de nuestros acuarios.

Si quieres descargarte este artículo en formato Word, pincha AQUÍ.

29/8/10

Archivo actualizado

Desde ahora tenéis la opción de acudir de forma instantánea al Archivo del blog en su totalidad, bien pinchando sobre el enlace de Cuaderno de Viaje de la cabecera del blog o bien a través del icono gráfico de Archivo. De esta forma tendréis en una sola localización todas las entradas de Aquasnail ordenadas por categorías para facilitaros la búsqueda de temas concretos.


Espero que esta mejora os sea de utilidad.

28/8/10

Libelulario, un Acuaterrario para Odonatos

Trataremos en esta entrada la manera más cómoda de montar y mantener un acuaterrario para especies tan bellas como las libélulas y los caballitos del diablo.

Los caballitos del diablo son los parientes más estilizados de las corpulentas libélulas. Fuente: Internet

En esencia, el montaje de este tipo de instalaciones es muy sencillo. Sigue los principios básicos de un acuaterrario o paludario para anfibios o reptiles acuáticos, incluso el montaje es válido también para cangrejos de manglar, tema ya tratado con anterioridad en el blog. A diferencia de lo que ocurre con otras especies y grupos, los odonatos (libélulas y caballitos del diablo) son animales muy poco destructivos en cuanto al tema de plantas y otros elementos del acuario se refiere. Cuando su vida transcurre sumergida pasan todo el tiempo mimetizados con su entorno sin alterarlo (no mueven plantas ni elementos grandes como rocas y troncos, como ocurría con los cangrejos, por ejemplo).

Los canales y acequias de corriente lenta son un buen lugar para encontrar ninfas de libélula. Autor: Isaac García

Los odonatos tienen una fase de vida juvenil acuática. Los adultos ponen los huevos mediante curiosas danzas sobre la superficie del agua, tras lo cual caen al sustrato donde tienen un periodo de incubación variable, periodo tras el cual eclosionan las pequeñas ninfas. Estas ninfas son depredadoras desde el comienzo de su vida. Capturan pequeños invertebrados acuáticos que viven en el fondo de balsas o charcas o, en general, corrientes de agua poco turbulentas. Muchas especies de odonatos pueden desarrollarse en aguas salobres, mientras que otras, más selectivas, necesitan aguas libres de sales y otros contaminantes. Sin embargo, en líneas generales, podemos decir que las libélulas son animales muy ubicuos, es decir, podemos encontrarlos en casi cualquier masa de agua dulce, siendo sus necesidades poco específicas. Es por ello que no nos resultará difícil, con un poco de empeño, encontrar en los alrededores de nuestra vivienda algunos puntos de agua donde podamos recolectar las ninfas de diversas especies.

Las ninfas de libélula se camuflan entre la vegetación acuática y el lecho fangoso de las charcas. Autor: Isaac García

Como hemos dicho, estos animales son depredadores en cualquier fase de su desarrollo. Las ninfas pueden oscilar entre 1 cm y los 4 cm dependiendo de la especie. Por norma general, las ninfas de caballitos del diablo también son más estilizadas y de menor tamaño que sus parientes las libélulas. Muchas especies cuentan con ninfas que son hábiles nadadoras en momentos puntuales, pudiéndose desplazar por propulsión si la situación lo requiere. Otras en cambio se dedican a deambular caminando sobre el lecho fangoso con movimientos lentos y torpes. En cualquier caso, su actividad durante la mayor parte del tiempo es muy limitada, ciñéndose a permanecer camufladas entre las plantas, el barro o las piedras del fondo a la espera de sus presas. Cazan mediante la técnica de emboscada. Cuando una presa en movimiento pasa delante de sus ojos (órganos muy desarrollados en este grupo de cazadores) proyectan un órgano bucal retráctil llamado máscara, dotada de unas potentes mandíbulas, atrapando al animal que tengan frente a su cara. Las libélulas de mayor tamaño pueden capturar incluso peces o anfibios adultos, por lo que es poco o nada recomendable mantenerlas en instalaciones con estos animales. En cambio toleran muy bien otros tipos de fauna como moluscos y bivalvos, a los que no atacarán. Los invertebrados acuáticos de su mismo tamaño tampoco quedan libres de sus instintos depredadores, e incluso entre ninfas puede darse la depredación de las menos desarrolladas.

Una ninfa de libélula camuflándose entre la grava. Autor: Isaac García

En esta fase de sus vidas podemos suministrarles alimento vivo como larvas de mosca o alevines de peces pequeños, o bien pequeños crustáceos que se reproduzcan de manera natural en el acuaterrario como gambas de varias especies. También pueden depredar lombrices, alimento fácil de conseguir en tiendas de pesca o aquellas dedicadas al suministro de alimento para reptiles y peces. En cualquier caso hemos de saber que estos animales, sobre todo a bajas temperaturas, pueden pasar semanas e incluso meses sin alimentarse, por lo que no es necesario suministrarles alimento vivo todos los días. En este sentido son animales fáciles de mantener en cautividad. Lo que no consumirán bajo ningún concepto, al menos de forma general, son alimentos muertos o inmóviles, ya que se trata de depredadores activos. Tampoco aceptarán alimentos de base vegetal.

Los carrizales y cañadas son lugares excelentes para contemplar adultos de libélula. Autor: Isaac García

Las ninfas realizan varias mudas que les permiten crecer en tamaño, hasta que finalmente y tras la última muda, alcanzan la fase de adultos. Esta etapa puede retrasarse meses e incluso en algunas especies, más de un año, dependiendo también de las condiciones del agua, su alimentación, etc. En esta última fase, las ninfas emergen del agua, aferrándose a la vegetación palustre (juncos, cañas, etc.) o bien a troncos junto a las orillas. En esta metamorfosis, las ninfas liberan unas alas arrugadas inervadas de venas, que van rellenando de sangre en cuestión de minutos. Una vez las alas se han endurecido y el abdomen ha adquirido su típica forma alargada, las libélulas se consideran adultas y no volverán a pasar por ninguna fase de vida acuática. Es por ello que podemos encontrarnos con libélulas volando muy lejos de masas de agua dulce. Los lugares que frecuentan los adultos son cañadas, junqueras y estepas (en ocasiones en climas casi desérticos). Buscan estos espacios abiertos ya que los adultos son cazadores de largo alcance, es decir, se comportan como aves de presa que necesitan espacios abiertos para capturar a sus presas, también voladoras. La mayoría de estas presas son moscas, polillas e insectos de pequeño tamaño y cuerpos relativamente blandos. Las libélulas vuelan a gran velocidad cazándolos en pleno vuelo con sus patas delanteras. Una vez apresados, los insectos son despedazados y consumidos por unas potentes mandíbulas masticadoras. Esta acción la pueden realizar en vuelo o posadas tranquilamente sobre la hierba.

En los saladares e incluso en las estepas semidesérticas también podemos encontrar adultos en busca de alimento. Autor: Isaac García

En esta fase de su vida podemos alimentarlas mediante moscas o pequeños grillos de venta en tiendas dedicadas a la alimentación de reptiles, fundamentalmente, aunque también podríamos criar estas especies en cajas de manera sencilla en nuestra propia casa (seguramente trataremos este tema más adelante). Debemos llevar precaución con la fuga de estos insecto, e incluso de las libélulas adultas, a la hora de abrir o manipular elementos del acuaterrario. Aunque en la naturaleza requieren de espacios abiertos para poder llevar a cabo una caza eficiente, en cautividad supliremos esta falta de espacio con abundantes presas, de modo que les sea posible capturarlas de manera sencilla. Las libélulas tienen unos de los ojos mejor adaptados al movimiento de toda la naturaleza, siendo su visión más desarrollada que en muchas otras familias de insectos. Sus ojos están compuestos de múltiples celdas que detectan cualquier movimiento de sus presas potenciales, incluso a gran distancia.

Charcos estacionales y balsas de riego son buenos lugares para muestrear en busca de ninfas. Autor: Isaac García

Para acabar con las recomendaciones a la hora del montaje del libelulario, debemos recordar que la corriente de agua, si la hubiera (no es necesaria para la mayoría de especies) no debe ser excesiva, más bien lenta. Las condiciones del agua deberían ser lo más similares posibles a las de la zona de captura (plantas acuáticas, fango u otros tipos de sustrato, salinidad, pH, concentración de nutrientes en el agua, etc.). En climas templados y tropicales la calefacción no es necesaria en absoluto, pero en los meses fríos, su desarrollo se detendrá o se ralentizará hasta que llegue el calor. La profundidad del agua no es un factor muy importante. Pueden desarrollarse perfectamente en una columna de agua de unos 10-15 cm, al igual que a profundidades de 5 metros. Las instalaciones de este tipo requieren abundantes plantas emergidas, de tipo palustre a ser posible, o algunas ramas en las zonas altas del terrario, pero también manteniendo el mayor espacio aéreo posible libre y despejado. Por lo tanto, estas especies se desarrollarán mejor en urnas de gran volumen. También debemos pensar que mantener varias especies de libélula puede no ser factible, debido a que unas son más grandes o agresivas que otras, por lo que al final tendremos a un depredador que dé caza a otro menor. Si introducimos varias especies debemos procurar que sean del mismo tamaño, y nunca juntar demasiados ejemplares en un acuaterrario. En este sentido, los caballitos del diablo son más pacíficos que las libélulas. La reproducción en cautividad es compleja, pero no imposible. Esto se debe a que las danzas nupciales requieren de espacios aéreos muy amplios. Aun así se han dado casos de reproducción de algunas especies en acuaterrarios bien dispuestos.

Como curiosidad añadiremos que muchas de estas especies que viven en las zonas templadas del planeta son grandes migradoras. Por ejemplo, en la Península Ibérica tenemos grandes movimientos migracionales de libélulas en otoño, cuando se desplazan a miles de kilómetros, incluso cruzando el Estrecho de Gibraltar, en busca de climas más propicios.

Existen ejemplares de coloraciones asombrosas dentro del grupo de los odonatos. Fuente: Internet

La diversidad de especies de este grupo es enorme, al igual que sus colores y dibujos corporales, lo cual hace de este tipo de instalación una pequeña joya natural en nuestras casas, al mismo tiempo que potencia el conocimiento de estos apasionantes animales.

Si quieres descargarte este artículo en formato Word, pincha AQUÍ.

Entradas relacionadas:
Alimentación en Insectos Acuáticos.
Montaje de Acuario para Insectos Acuáticos.

26/8/10

Camarones Gigantes de Agua Dulce

Céfalon y pinzas de una muda de un Macrobrachium sp. de Sudamérica. Este ejemplar podría medir más de 35 cm perfectamente. Fuente: Internet

En esta entrada veremos la posibilidad de mantener algunas especies de camarones de agua dulce de gran tamaño en nuestros acuarios. Los camarones hacen referencia al grupo de gambas que ostentan unas pinzas más desarrolladas que sus parientes detritívoros de menor tamaño. Por lo general, hablamos de camarones en las zonas de América latina, donde su pesca y cría en semilibertad para el consumo humano hace de numerosas especies conocidos habituales en mercados y en la cocina diaria. Los camarones pertenecen, por regla general, a una amplia familia de crustáceos decápodos conocida como palaemónidos (Familia Palaemonidae) y aunque algunos de ellos son de un tamaño relativamente pequeño, la gran mayoría sobrepasa con creces los 5 cm, llegando hasta especies que alcanzan los 20 cm en su estadío adulto.

Palaemonetes zariquieyi, un camarón de pequeño tamaño de la Península Ibérica. Autor: Isaac García

Existen especies de camarones en todo el mundo, tal es el caso de las especies del género Palaemonetes sp. que se dan tanto en Europa como en el continente americano. Pero es sobre todo en Centroamérica y Sudamérica donde encontramos mayor variedad de especies (muchas de ellas comprendidas en el género Macrobrachium sp.), siendo algunas de ellas todavía desconocidas para la ciencia por encontrarse en la profundidad de la selva amazónica. En los países de estas regiones podemos encontrar multitud de especies, ya no tanto en comercios dedicados a la comercialización de animales, sino más bien en mercados locales donde los ejemplares suelen llegar vivos en numerosas ocasiones, aunque su destino principal sea de uso alimentario. Por tanto es relativamente fácil hacerse con algunos ejemplares de estas especies. En Europa, recientemente estamos observando que es cada vez más fácil encontrarnos con estos camarones en tiendas de animales. No obstante, su escasa aparición en bibliografía especializada o en foros de acuariofilia hace que los acuaristas que los adquieren tengan difícil el poderlos mantener en las mejores condiciones, debido al desconocimiento general de su biología.

Macrobrachium rosenbergii, un camarón gigante hoy extendido por numerosos países del mundo. Autor: Isaac García

Los camarones son especies relativamente agresivas (algunas extremadamente agresivas), marcadamente territoriales. Necesitan espacios amplios donde encontrar refugio, que defienden celosamente de sus congéneres y de otros animales. Es por ello que no resulta viable mantenerlos en acuarios de escaso volumen y es aconsejable disponerlos en tanques de gran capacidad, de entre 500 y 1000 litros en adelante. Tampoco es aconsejable mantenerlos en acuarios comunitarios debido a sus costumbres predadoras. Estas especies son eminentemente carroñeras, aprovechando cualquier cadáver que quede en el lecho de su habitat, pero también son hábiles cazadores, que no dudarán en atacar a otros animales incluso más grandes que ellos. Es por este motivo que requieren acuarios casi exclusivos dedicados a ellos.

Varios ejemplares de camarones en una batería de acuarios en una tienda, con extremidades amputadas. Autor: Isaac García

No suelen causar graves desperfectos en el acuario, pero las especies más grandes son capaces de remover el sustrato, incluso algunas rocas de pequeño tamaño y arrancar plantas, aunque no suelen consumirlas debido a que son sobre todo carnívoros. Así que es relativamente sencillo, y muy aconsejable, mantenerlos en acuarios profusamente plantados, con zonas de vegetación muy densa, espacios de sombra bajo plantas flotantes, y abundantes recovecos entre troncos y rocas. Observaremos que cada ejemplar suele marcar su propio espacio territorial.

Acuarios de gran volumen y densamente plantados son ideales para estas especies. Acuario de Kim Pulkki. Fuente: Internet

Conviene no poner en el mismo tanque muchos individuos del sexo dominante, generalmente los machos (aunque existen excepciones), cuyas pinzas están más desarrolladas que en sus congéneres del sexo opuesto. Incluso entre sexos existe cierta agresividad y no es raro que se den comportamientos caníbales entre ejemplares adultos, más todavía con sus propias crías.

Otra especie de Macrobrachium sp. Fuente: Internet

La reproducción es relativamente sencilla. tras encuentros con alguna escaramuza entre machos y hembras en periodo reproductivo (donde algún miembro puede ser seccionado) las hembras incuban los huevos (que puede ser varios centenares, dependiendo de la especie) en sus pleópodos, como el resto de decápodos de agua dulce. Tras unas semanas o meses los huevos eclosionan liberando a las pequeñas larvas, que por lo general están casi perfectamente formadas o tienen que pasar por alguna etapa previa antes de adquirir la forma de adultos. Generalmente las especies más alejadas del mar presentan un desarrollo directo, mientras que aquellas que viven en estuarios o manglares en entornos salobres requieren de varias transformaciones en aguas con distinto grado de salinidad. Una vez que las larvas adquieren capacidad de natación, se esconden entre la vegetación y fondos revueltos, donde sea difícil que se conviertan en presas para los depredadores, entre los que se incluyen sus propios familiares.

Camarón indio con huevos en sus pleópodos. Autor: Gary Lange. Fuente: Internet

Dado que habitan aguas lentas, generalmente, la filtración de la instalación donde los mantengamos no debe mover un caudal excesivo. La temperatura, tratándose de especies tropicales, debe rondar los 25-27ºC, aunque toleran rangos de temperatura menores y algo superiores sin mayores problemas. Como en otros grupos, la biodiversidad de estos animales hace que algunos de ellos habiten en ecosistemas algo más especializados, como es el caso de los camarones gigantes estigobios, que viven en las profundidades de cavernas inundadas. Estas especies, por lo general ciegas, presentan las mismas características que sus parientes selváticos, a excepción de la ausencia de pigmentación en sus cuerpos.

Macrobrachium poeti, un camarón gigante cavernícola de Honduras. Fuente: Internet

En cuanto a su alimentación, aceptarán de buena gana casi cualquier preparado comercial para dietas mixtas de peces e invertebrados. Un aporte eventual de trozos de pescado o carne es aconsejable si queremos que estas especies se alimenten lo más naturalmente posible.

Espero que este breve repaso por el grupo de los camarones gigantes os haya descubierto algunas cosas sobre ellos y la gran diversidad que alberga esta familia.

Si quieres descargarte este artículo en formato Word, pincha AQUÍ.

23/8/10

Moluscos Ibéricos de Agua Dulce, los grandes desconocidos

Esta entrada ya lleva varios años publicada en internet, ya que colgué el artículo en Acuavida.com en julio de 2008. Aun así creo que es una lectura interesante para los amantes de la fauna peninsular que no hayan tenido la oportunidad de ojearlo, y pasé por alto colgarla en el blog. Espero que sea de vuestro agrado.

En este artículo me gustaría haceros un breve resumen de las características de algunos moluscos de nuestros ríos y aguas continentales. Desde hace algún tiempo me he estado fijando en que la variedad de estas especies es mucho mayor de lo que pensaba en un principio y de la poca importancia que le damos a estos animales que perfectamente podríamos incluir en nuestras listas para acuarismo, al igual que los indonesios utilizan y comercializan las especies que allí se dan, las especies ibéricas nada tienen que envidiar a las de otras latitudes más tropicales. Este desconocimiento de nuestras especies más cercanas puede llevarnos a pensar que son escasas o de poca belleza y nada más lejos de la realidad, son muchas especies, la mayoría muy abundantes, y su belleza es en algunos casos muy superior a la de otras que estamos habituados a ver en los acuarios comerciales. Voy a intentar poneros fotografías propias de estas especies y de aquellas que no dispongo de imágenes voy a citar el libro Moluscos. Guías de Naturaleza Blume. Autores: Rosina Fechter & Gerhard Falkner, con el permiso del respetable, para que le echéis un vistazo si queréis, y usaré imágenes sin copyright para no vulnerar los derechos de autoría de nadie. Repito que voy a enumerar simplemente las especies más comunes, que se encuentran de forma abundante y que son capaces de desenvolverse en nuestros acuarios, ya que algunas de las especies de la Península están amenazadas y su captura podría suponer un delito ecológico. También veremos algunas de estas últimas a modo de curiosidad.

Empezaremos por los nerítidos, caracoles operculados que habitan aguas marinas, continentales y zonas terrestres. En España podemos encontrar a Theodoxus baeticus y T. valentinus, dos especies de pequeño tamaño, semiesféricas y con dibujos en zigzag sobre su concha. Se localizan en el suroeste y en el este peninsular respectivamente y habitan cuencas de ríos y acequias, frecuentemente cercanas al mar por lo que toleran cierta salinidad. También podemos encontrar a T. fluviatilis y T. velascoi. Alcanzan a medir 1,5 cm aproximadamente. Su reproducción es mediante bolsas ovígeras blanquecinas que depositan sobre el sustrato, plantas o troncos, al igual que la mayoría de nerítidos. Os dejo una fotografía de Theodoxus fluviatilis encontrado en la localidad castellonense de Benicàssim en un canal de regadío muy cercano al mar. T. valentinus y T. velascoi son dos especies endémicas y bajo cierto grado de amenaza de extinción.


Otra familia de la que también contamos con representación es la de los tiáridos, cuyo representante más conocido por nosotros es Melanoides tuberculata, que también se encuentra en España en estado salvaje presentando una coloración más intensa que aquellos criados en cautiverio. Lo podemos encontrar en la zona castellonense de Peñíscola y alrededores, algunas zonas de Aragón y Cataluña, en fondos fangosos o arenosos de canales o cursos bajos y lentos de ríos. Os adjunto una fotografía de uno de los ejemplares que encontramos en Castellón.


Siguiendo con la familia (dentro de la subfamilia de los melanópsidos) encontramos a los Melanopsis sp., de los que destaca por su belleza singular M. tricarinata, con una concha que presenta una triple carena o cresta que se espiraliza dando la sensación de que el animal está doblemente retorcido. Esta bellísima caracola de concha dura presenta dos variedades de color, la clara o crema y la oscura o negra. Habita aguas duras, ligeramente sulfurosas o salobres y se la encuentra en Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha y Murcia aunque no se descarta localizarla en otros emplazamientos. Los sexos están separados aunque se pueden reproducir por partenogénesis sin necesidad del macho. Son ovíparos, depositando tiras de huevos enterrados en el sustrato fangoso.


También encontramos a M. cariosa en el sur de España y el norte de África, una especie de color claro que habita el curso bajo del río Guadalquivir y que presenta una concha con nudos y costillas de gran belleza. Del mismo modo en la zona de levante y Cataluña, así como por toda la cuenca mediterránea, encontramos a M. praemorsa, de concha cónica lisa, de colores oscuros. Esta especie habita aguas muy oxigenadas de fuentes y manantiales calizos, sulfurosos o aguas salobres de sistemas de riego. Os adjunto una fotografía de la primera sacada por un fotógrafo cerca de Córdoba y de la segunda tomada esta vez en Polonia.


M. cariosa

M. praemorsa

Otras especies de Melanopsis que podemos encontrar son M. lorcana y M. dufouri, este último abundante en la Albufera de Valencia. Habita aguas tranquilas y ricas en calcio, sobre todo canales y acequias, así como remansos de agua y zonas estancadas. Debido a la contaminación y el urbanismo incontrolado, en la Albufera su número y distribución se han visto reducidos.

M. lorcana

Viviparus contectus es otra especie, esta vez de la familia de los vivipáridos, que se encuentra al norte de España y Portugal. Alcanza de 2,5 a incluso 6 cm de longitud. Es un caracol de concha espiral acabada en punta, de color oscuro, pardo u oliváceo, operculado y de concha fina. Se encuentra en otros países europeos, incluso en Suecia y Noruega. En Inglaterra se le denomina caracol de estanque y es muy común su uso ornamental. Como todos los vivipáridos paren a sus crías que en principio presentan unas prominencias ciliadas en la concha muy peculiares (parecen caracoles con pelos). Se alimentan rastreando el fondo o bien quietos filtrando el agua, permaneciendo en esa posición incluso semanas.


Caracoles con la misma morfología que el anterior serían los de la familia de los bitínidos, pero su tamaño es más bien miniatura. Dos especies a destacar son Bithynia tentaculata y B. leachii. La primera, aunque es propia de la zona Siberiana, se ha introducido en algunos lugares de nuestro país. La segunda se localiza en casi toda Europa, incluyendo España, y también en el norte de África. Poseen opérculo y su coloración es oscura. Habitan aguas mansas de cursos bajos de ríos, acequias o zonas propensas a la sequía. Los machos son más esbeltos y la hembra deposita sus huevos en tiras sobre el sustrato. Os coloco una foto de una de ellas encontrada en Benicàssim.


Otras especies que podemos encontrar en la Península son Bithynia decipiens y B. hispanica aunque en menor frecuencia.

Valvata piscinalis es un molusco de la familia de los valvátidos. Es un caracol muy abundante en diferentes regiones europeas y asiáticas aunque en nuestro país es difícil de encontrar a simple vista (sólo se da en zonas del norte y de alta montaña). Además suele enterrarse en el cieno dejando a la vista únicamente sus tentáculos y su tubo respiratorio. Necesita aguas muy oxigenadas. Su concha está espiralizada y suele acabar en punta aunque depende bastante de su región geográfica. Es de color nacarado, blanca amarillenta o gris verdosa. Generalmente se desenvuelve en aguas frías por lo que su uso en acuariofilia estaría bastante restringido.


Entrando en la familia de los hidróbidos (Bithinellas y compañía) encontramos a Bythinella rufescens y B. reyniesii en los Pirineos y hasta Barcelona. Presentan concha oval con bordes redondeados, colores translúcido, rojizo o gris blanquecino ambas especies. Son de pequeño tamaño y su concha es muy fina. Necesitan aguas calcáreas y muy oxigenadas de fuentes y cursos altos de ríos. Os dejo imagen de otras especies muy parecidas ya que de estas en concreto no encuentro ninguna. Esta especie en concreto se da en Centroeuropa y la zona de los Alpes.

Bythinella sp.

Otras especies son Hydrobia aponensis, H. ventrosa, H. boscae, Mercuria confusa, Pseudamnicola conovula, P. astieri, Potamopyrgus jenkinsi, Belgrandia marginata, Hauffenia gasulli y H. sturmi. Como vemos la variedad de esta familia es enorme aunque localizar ejemplares de estas especies puede ser difícil debido a sus escasez o a su pequeño tamaño, según el caso.


Hydrobia ventrosa


Mercuria confusa

Potamopyrgus antipodarum es un caracol de concha espiralizada y cónica, introducido en Europa desde Nueva Zelanda. Su color es hueso, crema, rojizo o pardo muy suave. Habita aguas dulces y algunas veces salobres. Donde se da se reproduce con mucha abundancia, encontrándose más de 100000 individuos por metro cuadrado. Es una especie vivípara de la misma familia que las anteriores.


Dentro de la familia de los físidos encontramos unas cuantas especies como Aplexa hypnorum, Physa fontinalis, Physella acuta y Physella heterostropha. Todas presentan una concha en espiral y se las puede localizar por toda Europa. La primera especie tiene la concha más esbelta y la carne negra, habitando aguas temporales de llanuras. Physa fontinalis tiene la concha oval con la punta roma, con unas prolongaciones carnosas que rodean su concha y frecuenta aguas claras con abundante vegetación. Physella acuta es la especie más conocida por los acuariófilos. Su concha es puntiaguda y oval, con manchas pigmentarias, su carne clara y habita aguas estancadas o corrientes cálidas y lentas. P. heterostropha está introducida en Europa desde los Estados Unidos y es muy similar a la anterior pero su carne es oscura. Todas ellas son de fácil reproducción en acuarios ya que depositan grupos de huevos muy abundantes que no tardan en eclosionar.

A. hypnorum


Physella acuta


P. heterostropha

Entrando con los limneidos tenemos fundamentalmente cinco especies, sobre todo en el arco mediterráneo. Su diferenciación suele ser dificultosa ya que presentan variedades morfológicas dentro de la misma especie producidas por el ambiente donde viven. Son Lymnaea stagnalis, L. auricularia, L. palustris, L. peregra y L. truncatula. Aunque pueden diferenciarse distintos géneros (Radix, Omphiscola, Galba, Stagnicola, etc.) suelen englobarse todas en el género Lymnaea ya que fue el primero descrito y hay cierta discusión entre científicos sobre su taxonomía. Pese a que su biología y morfología es muy similar a la de los físidos, se diferencian claramente de estos por la forma de sus antenas. Las limneas presentan antenas "orejadas", es decir, con forma plana y ancha, triangulares, mientras que los físidos y planórbidos presentan antenas filiformes. Además su espiralización es dextrógira (su concha gira hacia la derecha, generalmente) mientras que en físidos es levógira (su concha gira hacia la izquierda). Tienen conchas duras y bastante espiralizadas, la mayoría de especies bastante estilizadas a excepción de L. auricularia y L. peregra que son casi tan anchas como largas. Viven en estanques, lagos, ríos en tramos medios, altos o bajos, embalses y pantanos, fuentes de parques en ciudades, etc. Por su distribución es frecuente encontrarlas en cualquier punto peninsular aunque algunas especies son más escasas que otras. Se alimentan de vegetales en descomposición y de tallos tiernos de plantas acuáticas. Son hermafroditas de fecundación cruzada y depositan gran cantidad de huevos agrupados en gelatinas mucosas redondeadas o alargadas dependiendo de la especie. Algunas especies depositan sus huevos sobre la superficie del agua, en zonas húmedas del suelo o plantas palustres, mientras que otras los adhieren a las plantas sumergidas o a las rocas del fondo. Su tamaño medio ronda los 1,5 a 2 cm de longitud, dependiendo de la especie, aunque pueden alcanzar en ciertos casos los 4 cm.

L. stagnalis


L. palustris

L. peregra

En la familia de los planórbidos encontramos también a numerosos representantes, entre ellos Planorbis planorbis, Planorbarius corneus, Planorbarius metidjensis, Planorbella duryi, Anisus spirorbis, Segmentina nitida, Hippeutis complanatus, Gyraulus laevis, G. chinensis, G. crista, Ancylus fluivatilis y Ferrissia wautieri. Todos estos caracoles presentan puestas ovígeras aplanadas en un manto mucoso muy fino. Sus conchas se espiralizan en un disco redondeado, a excepción de Ancylus y Ferrissia que poseen conchas pateliformes (lapas fluviales). Todos ellos habitan un amplio rango de ambientes: cursos rápidos o lentos de ríos, arroyos, aguas estancadas, lagos, acequias, cañadas sumergidas, estuarios, fuentes de montaña, aguas temporales de charcas, etc. Algunos como Planorbella duryi han sido introducidos desde otros países como animales ornamentales (en este caso desde Florida), otros como Ferrissia se desconoce si se trata de especies raras en expansión o si por el contrario han sido introducidas en nuestros ríos de manera involuntaria. Esta última especie y Ancylus fluviatilis constituyen las dos únicas especies europeas de lapas de agua dulce dentro del grupo de los planórbidos (como veremos existen especies de lapas de otros grupos). Se adhieren a rocas y hojas de plantas del fondo de ríos bien oxigenados y pueden mantenerse y reproducirse en acuarios con facilidad, aportando un cierto beneficio al consumir estas especies las algas incrustantes que crecen en las rocas y plantas así como en cristales. Ferrissia es de pequeño tamaño (menos de 1 cm de adultas) y de color transparente o blanquecino, mientras que Ancylus es algo mayor y su concha es marrón o de tonos parduzcos.


Ferrissia wautieri


Ancylus fluviatilis

De los discoidales, Planorbis planorbis, Planorbarius corneus y Planorbella duryi son los más conocidos. La primera especie se caracteriza por presentar una carena o cresta en su última vuelta de crecimiento. Es frecuente confundir a Planorbarius con Planorbella ya que ornamentalmente se conocen los dos por el nombre vulgar de planorbis. Sin embargo la segunda especie se caracteriza por unas manchas pigmentarias muy marcadas visibles a través de su concha durante toda su vida y por presentar abultamientos muy marcados producidos por rápidos crecimientos de la concha (la mayoría de los acuariófilos tienen esta especie pensando que se trata de Planorbarius corneus, cuya concha es uniforme a lo largo de todo su crecimiento). Planorbarius metidjensis es más escaso y se caracteriza por una serie de líneas que recorren en paralelo toda su concha. También presenta manchas pigmentarias pero de tamaño muy reducido.


Planorbella duryi

El resto de especies de esta familia son menos conocidos aunque algunos como los Gyraulus ya se usan en acuariofilia desde hace años. Estos presentan una curiosa forma de movimiento, con la concha en horizontal respecto al eje del cuerpo, al contrario que los anteriores planórbidos que portan su concha en vertical. Son de pequeño tamaño, nacarados algunos, otros pardos, oscuros o transparentes. Segmentina nitida presenta una división radial de la concha muy patente. Anisus spirorbis habita aguas de inundación en llanuras y valles de riveras. Hippeutis complanatus presenta una concha lisa y aplanada característica, con una coloración hueso o crema algo nacarada.

Hippeutis complanatus

Anisus spirorbis



Gyraulus sp.


Gyraulus crista


Segmentina nitida

Los acrolóxidos son las lapas fluviales verdaderas. Acroloxus lacustris es la especie que podemos encontrar en España y otros países europeos. Su concha de colores crema o blanquecina es plana con una punta terminal doblada hacia la izquierda. Habita aguas lentas o estancadas con abundante vegetación. La forma de su concha se adapta al entorno donde vive. Si se desarrolla en los tallos u hojas de una plantas es más bien estrecha. Si por el contrario crece sobre una roca su concha será más redondeada. Son de pequeño tamaño y a simple vista son casi indistinguibles de las ferrissias.

Dejando los gasterópodos ya y entrando con los bivalvos encontramos a la familia de los uniónidos, conocidos como mejillones de río o náyades, cuyos representantes peninsulares son Anodonta cygnea, Potomida litoralis, Unio mancus y U. pictorum, entre otras especies. Todas ellas se caracterizan por poseer dos valvas unidas por una bisagra central. El interior de las conchas es nacarado y el exterior puede variar de color desde el negro hasta tonos marrones, oliváceos o cremas, incluso amarillo rayado. Son especies de fondos lodosos o ligeramente pedregosos que se entierran y filtran el agua para obtener su alimento. Son comunes en canales, acequias, tramos bajos de ríos caudalosos y embalses o pantanos.


Unio pictorum


U. mancus

Otra familia similar es la de los margaritíferos, donde uno de sus representantes, Margaritifera auricularia, puede alcanzar los 15 cm de diámetro, siendo una de las mayores especies de bivalvos de agua dulce. Esta especie se encuentra bajo un alto grado de amenaza.


Margaritifera auricularia

La familia de los dreisénidos cuenta con la especie conocida como mejillón tigre o cebra, Dreissena polymorpha, que es una especie invasora procedente de Oriente Próximo y Asia. Son mejillones que se adhieren a objetos sólidos como maderas, rocas o a las quillas de los barcos, expandiéndose incontroladamente por ríos, estuarios o aguas salobres, canales, pantanos, etc. Presenta unas bandas oscuras zigzagueantes muy típicas. En la actualidad constituye un problema grave en la cuenca del Ebro, colapsando compuertas, sistemas de riego, engranajes de embalses y dañando embarcaciones y muelles.


Dreissena polymorpha

Y por último encontramos la familia de los pisídidos o esféridos, las almejas de agua propiamente dichas, de conchas ovales y abombadas. Hay numerosas especies, algunas difícilmente distinguibles entre sí. Encontramos Musculium lacustre, Pisidium amnicum, P. casertanum, P. milium, P. moitessierianum, P. nitidum, P. personatum, P. subtruncatum y P. tenuilineatum, entre otras. Todas ellas escogen fondos arenosos o lodosos donde se entierran y filtran el agua circulante. Son difíciles de encontrar debido a su tamaño no demasiado grande y sus hábitos subterráneos. Las más grandes alcanzan los 1,5-2 cm, las especies más pequeñas pueden ser casi microscópicas. Os pongo imágenes de algunas de ellas.


Musculium lacustre


Pisidium amnicum


P. milium


P. nitidum


P. personatum; P. subtruncatum; P. tenuilineatum

Y con estas especies acabamos con el recorrido, dejando a unas cuantas en el tintero y alguna más que quedará por descubrir. Espero que os sea de utilidad y que si os encontráis con uno de estos habitantes de nuestras aguas continentales os podáis aproximar a la especie o al menos a la familia a la que pertenece.

Si quieres descargarte este artículo en formato Word, pincha AQUÍ.