Aquí podréis explorar virtualmente a través de diversas expediciones a ecosistemas de agua dulce de diferentes localidades españolas así como de otros rincones del planeta. Los protagonistas serán los moluscos y crustáceos, así como también otros invertebrados como platelmintos, cnidarios, poríferos, insectos, etc. En general cualquier invertebrado de agua dulce podrá convertirse en nuestro foco de atención.

Además haremos entrevistas a expertos en el mundo de los invertebrados y de la acuariofilia e intentaremos hablar de noticias y temas de interés general. No olvidéis consultar el Cuaderno de Viaje para acceder al listado completo de artículos del blog.

Espero que disfrutéis de las imágenes y de la variedad de especies que tenemos en nuestras aguas continentales. También deseo que los temas y expediciones os resulten interesantes y que no dudéis en dejar vuestra opinión en las entradas y cualquier tipo de sugerencia. Un saludo cordial desde Alicante. Nos vemos en el agua.



10/10/09

Acuario para insectos acuáticos: Acondicionamiento y Mantenimiento

Vamos a ver la primera parte práctica de este asunto que ya nos traemos desde hace tiempo entre manos. Empezaremos a preparar el acuario que necesitamos para alojar algunos de estos fascinantes animales.

Los plecópteros salen del agua cuando van a transformarse en adultos. Fuente: Internet

Antes que nada debemos decidir qué especies vamos a mantener, ya que no será lo mismo criar larvas de mosquito que reproducir las condiciones idóneas para mantener una pequeña comunidad de escarabajos buceadores. Habrá insectos que tendrán unas necesidades mínimas tanto de espacio como de alimentos, temperatura, oxigenación, etc., mientras que otros serán muy exigentes con las condiciones del acuario. Decidir las especies es muy sencillo, debemos observar qué animales habitan en las aguas cercanas (charcas, ríos, arroyos, lagunas, embalses, estanques, etc.) ya que son los que más fácilmente podremos conseguir, además de los más sencillos de mantener. Es una tontería pretender conseguir insectos tropicales (que no vamos a encontrar en tiendas de animales y será muy dificultoso conseguirlos de otros aficionados) cuando vivimos en la Europa templada, y al revés, por supuesto. En cada zona hay diferentes insectos, cuyo atractivo no tiene nada que envidiar al de otros de lugares distantes.

Las efímeras son "moscas" de vida muy corta cuyas ninfas podemos encontrar en casi todo el mundo. Fuente: Internet

Empezaremos por establecer qué tipos de insectos se pueden mantener en un acuario convencional (un acuario plantado) y qué especies son más meticulosas. Para ello lo mejor es que vayamos repasando grupo por grupo sus necesidades más fundamentales. Un denominador común, en todos los casos, es la necesidad de que el acuario esté cerrado ya que, recordemos, los insectos en su fase adulta tienen alas, lo cual les permite escapar con suma facilidad de cualquier recipiente abierto. Si disponemos de un acuaterrario (que es otra opción que ahora veremos) los respiraderos deben recubrirse con una rejilla de tamaño inferior al de los insectos adultos para evitar que escapen por la casa. Este punto es sin duda muy importante.

Tipúlidos (dípteros), cuyas larvas viven en llanuras de herbazales inundados. Fuente: Internet

Si nos fijamos en los dípteros (moscas, mosquitos, quironómidos, etc.) resulta que su fase acuática es solamente la de larva, siendo los adultos de vida totalmente terrestre-aérea. Por lo tanto lo ideal para mantener a estas especies sería un acuaterrario, donde podrían disfrutar de plantas emergidas, rocas, tierra o troncos sobre la superficie del agua. Es comprensible que si intentásemos mantenerlos en un acuario normal cerrado, tarde o temprano los adultos caerían al agua ahogándose, por lo que no sería nada operativo. En cambio en un acuaterrario podríamos incluso reproducirlos si les proporcionamos a los adultos su alimento y un lugar idóneo donde refugiarse, aparearse y realizar la puesta. Debemos saber que los dípteros tienen ciclos vitales relativamente rápidos. Las larvas alcanzan velozmente el estadío de pupa, acercándose a la superficie para realizar la metamorfosis que liberará a los adultos con alas. Por tanto a veces es poco práctico mantener a estos animales, pero no por ello dejan de ser interesantes. Su alimentación mientras son larvas es relativamente simple, comiendo la mayoría de ellos material vegetal en descomposición u otros detritos, algas o vegetales. En este sentido son muy simples de mantener. Algunos, como los quironómidos o algunos sírfidos necesitan fondos fangosos donde se entierran en busca de alimento. A otros como los mosquitos culícidos este factor les trae sin cuidado ya que nadan libremente por todo el acuario. En cuanto a la calidad del agua no son nada exigentes en general, tolerando sustancias contaminantes como los nitritos, sulfatos, etc. El nivel de oxígeno tampoco es un factor limitante ya que normalmente residen en aguas muy tranquilas. Por tanto podremos tenerlos incluso en aguas estancadas carentes de filtro o aireadores. Una vez que son adultos la alimentación puede variar mucho, desde polen o néctar de flores, carne en descomposición, fruta, pescado o incluso sangre. Los que se alimentan de sangre de mamíferos (mosquitos) serán imposibles de mantener en sus fases adultas. Algunas especies ni siquiera se alimentan cuando alcanzan la fase de imago.

Los tricópteros adultos se camuflan y reproducen entre la vegetación emergida. Fuente: Internet

Los tricópteros, plecópteros y efemerópteros son más exigentes. Normalmente encontramos a estos tres grupos en aguas turbulentas, como las de arroyos y ríos de montaña. Esto implica que son aguas muy oxigenadas, limpias y cristalinas, y, además, de temperaturas relativamente bajas. Las fases adultas también son de vida aérea-terrestre, por tanto cuando caen al agua corren el riesgo de ahogarse. Tenemos el mismo problema que con los anteriores, necesitamos un acuaterrario con vegetación y otros elementos emergidos. Pero además surge la necesidad de mantener el agua muy limpia, en constante circulación y con un sistema de filtrado muy potente. La gran mayoría de especies de estos grupos presenta un ciclo vital muy acelerado en sus fases adultas, lo cual implica que los imagos mueren pronto, una vez que se aparean y realizan la puesta. La mayoría de ellos no se alimentan, sólo lo hacen las ninfas acuáticas. Es aconsejable que el lecho del acuario sea de cantos rodados y gravilla fina, emulando las condiciones de un arroyo. Una abundante vegetación en superficie es indispensable para la perfecta aclimatación de los adultos y para que realicen las puestas ya que algunos (los tricópteros) lo hacen sobre las hojas cercanas al agua.

Pareja de plecópteros copulando sobre unas rocas junto a un río. Fuente: Internet

Los odonatos (libélulas y caballitos del diablo) también necesitan un acuaterrario por los mismos motivos que los anteriores. Aquí sumamos un punto de dificultad extra: tanto ninfas como adultos son depredadores muy activos. Debemos tener esto en cuenta a la hora de mantener estos animales. Las ninfas de zygópteros (caballitos del diablo) pueden alimentarse de pequeños invertebrados como gammáridos, larvas de dípteros, de efímeras, plecópteros o tricópteros, entre otras presas de pequeño tamaño. Las de anisópteros (libélulas de mayor tamaño) necesitan presas mayores, como otras ninfas de libélula o caballitos del diablo, pequeños peces, alevines, renacuajos, larvas de escarabajo, etc. Los adultos de ambos grupos cazan en pleno vuelo moscas y otros insectos más pequeños que ellos ayudándose de sus patas y sus fuertes mandíbulas. Por lo tanto el espacio aéreo es muy importante para los adultos y debe ser de dimensiones considerables (un acuaterrario bastante alto y largo). Reposan sobre plantas palustres como juncos, a la espera de sus presas. Una vez que las localizan se lanzan contra ellas atrapándolas en el aire. El agua para las ninfas debe estar estancada o semiestancada ya que prefieren corroentes suaves. Agradecerán fondos heterogéneos, con vegetación, lecho algo fangoso, con rocas y cantos rodados, troncos, etc., es decir, el terreno de caza idóneo para un depredador. Mantener un mínimo de filtración y limpieza del agua no estaría de más aunque se trata en general de especies resistentes a diversos factores.

Escarabajo acuático Haliplus sp. entre restos de vegetación sumergida. Fuente: Internet

Los coleópteros acuáticos son de dos tipos, como ya vimos: los patinadores (gyrínidos) y los buceadores. Tanto unos como otros tienen larvas subacuáticas, variando su dieta entre los vegetales y las presas vivas dependiendo de la especie. Las necesidades de las larvas son muy similares a las de las ninfas de libélula, por tanto aplicaremos los mismos criterios. En cambio los adultos son menos exigentes que los anteriores grupos. Por lo general los escarabajos acuáticos adultos no salen del agua salvo en contadas ocasiones. Por tanto es posible su mantenimiento en acuarios convencionales. Lo que sí es imprescindible es una buena cobertura de vegetación donde se puedan refugiar y buscar alimento. Recordemos que también se trata de especies depredadoras en su mayoría. Los gyrínidos o escribanos, por ejemplo, son escarabajos patinadores que viven en colonias sobre la superficie del agua. Necesitarán presas que queden flotando como larvas de otros insectos, al igual que una superficie del agua bastante tranquila, sin muchas fluctuaciones para que no les moleste. Los hydrofílidos y ditiscos necesitan aguas tranquilas, donde pasan el tiempo buceando entre las plantas, troncos y rocas en busca de presas o de carroña y subiendo de vez en cuando a la superficie para renovar sus reservas de aire. Algunas plantas flotantes como ranúnculos o similares ayudarán a que estos escarabajos reposen cerca de la superficie. Para alimentar tanto a larvas como adultos será necesario usar pequeños alevines o trocitos de pescado o carne esporádicamente.

Hydrometra stagnorum cazando sobre la superficie tranquila del agua. Fuente: Internet

Acabando ya nuestro repaso llegamos a los chinches de agua, también divididos en patinadores y buceadores. Todos los chinches son depredadores, por tanto incompatibles también con muchos otros habitantes del acuario como pequeños peces, renacuajos, pequeños crustáceos, etc. En general requieren aguas estancadas y al igual que pasaba con los escarabajos necesitan abundante vegetación acuática y un lecho heterogéneo donde refugiarse y cazar a sus presas. Los de superficie necesitan aguas muy tranquilas, si acaso de circulación muy lenta. Nunca bajan de la superficie por lo que se alimentan también en este nivel (larvas de insectos o moscas serán las mejores opciones de alimentación para estos animales). Para este grupo es imprescindible un acuaterrario si queremos que se reproduzcan ya que muchos de ellos ponen sus huevos en tierra, turba o sobre las plantas emergidas. Sin embargo si sólo queremos mantener algunos ejemplares adultos podremos hacerlo en un acuario cerrado donde colocaremos algunas plantas flotantes como lentejas, ranúnculos, nenúfares o jacintos de agua. Para los buceadores como los remeros o los escorpiones acuáticos procuraremos un entorno rico en plantas sumergidas, con fondos arenosos o fangosos con algunos cantos rodados y troncos. Para estos chinches utilizaremos como alimento pequeños peces e insectos que echaremos sobre el agua (para los remeros que cazan bajo la superficie) o hundidos (para escorpiones e insectos palo acuáticos). Este grupo es también muy tolerante ante agentes como la temperatura, contaminantes (incluso ante el cloro), oxígeno disuelto, etc.

Sigara stagnalis, un chinche subacuático en busca de presas. Fuente: Internet

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8/10/09

Acuario para insectos acuáticos: Reproducción (II)

Grupo de ninfas y juveniles de Rhagovelia oriander, un chinche de superficie. Fuente: Internet

Dada la gran complejidad de la reproducción y el desarrollo de los insectos, debido fundamentalmente a que se componen de muy diversos grupos, creí interesante hacer dos entradas sobre este tema. Esta entrada en concreto se centrará en su desarrollo.

Imago de Coenagrion puella, un caballito del diablo. Fuente: Internet

Para entender mejor la vida de los insectos hay que definir una serie de nuevos términos.
-Imago: ejemplar adulto de un insecto.
-Juvenil: individuo muy similar a un adulto pero sin sus órganos sexuales desarrollados u operativos.
-Ninfa: fase de desarrollo relativamente similar al adulto, con varias mudas en las que el insecto adquiere sus atributos de adulto.
-Larva: es una fase de desarrollo en la que el insecto es muy diferente morfológicamente al adulto.
-Pupa: fase de transición entre la larva y el adulto o juvenil. Normalmente es una fase inactiva en la que el insecto permanece estático mientras se produce la metamorfosis.
-Metamorfosis: proceso de cambio morfobiológico entre las distintas fases de desarrollo.
-Anamorfia o anamorfismo: se produce un cambio del número de segmentos en el insecto desde su eclosión del huevo hasta el adulto (xifosuros, picnogónidos, crustáceos, algunos miriápodos, quilópodos e insectos).
-Epimorfia o epimorfismo: el número de segmentos tras la salida del huevo es el definitivo (todos los arácnidos, algunos quilópodos y la mayoría de insectos).
-Ametábolo: desarrollo directo, sólo se producen cambios de tamaño y de maduración de órganos sexuales. Por ejemplo, en los crustáceos.
-Holometábolo: desarrollo con metamorfosis compleja. Hay fase de larva y pupa.
-Heterometábolo: desarrollo con metamorfosis simple. Hay fase de ninfa.
-Hemimetábolo: es un tipo de heterometabolia en la cual la biología de ninfas y adultos es muy diferente. Por ejemplo, en las libélulas.
-Hipermetábolo: es un tipo de holometabolia donde existen numerosas fases larvarias. Por ejemplo, en los escarabajos.
-Écdisis: es la muda, el proceso por el cual el insecto se deshace de su exoesqueleto para poder crecer y formar uno nuevo. En este proceso la cutícula vieja es parcialmente digerida para aprovechar este tejido mientras en la capa inferior se forma la nueva cutícula.

Metamorfosis de libélula desde el estado final de ninfa hasta adulto. Fuente: Internet

Una vez que tenemos claros todos estos conceptos, repasando los grupos de insectos acuáticos, tenemos que:

Son de desarrollo holometábolo, es decir, con fases larvarias y con paso a la fase adulta a través de una pupa, los coleópteros, neurópteros, megalópteros, himenópteros, tricópteros, lepidópteros, sifonápteros, mecópteros y dípteros. Los que nos interesan en este caso serían simplemente los escarabajos acuáticos, moscas y mosquitos y frigáneas. A esta agrupación basada en el desarrollo pertenecen el 80% de las especies conocidas de insectos.

Larva holometábola de gyrínido, el escarabajo patinador de superficie. Fuente: Internet

Son de desarrollo heterometábolo, es decir, con fases ninfales, los efemerópteros, odonatos, ortópteros, fásmidos, plecópteros, dermápteros, isópteros, mantodeos, blatodeos, hemípteros, tisanópteros, etc. Los acuáticos, en este caso, serían los chinches de agua, las libélulas y similares, las efímeras y los plecópteros.

Ninfa heterometábola de Ranatra linearis, un chinche subacuático. Fuente: Internet

Referente a las pupas, decimos que son exaradas si los apéndices (patas, antenas, etc.) están separados del cuerpo. Esto ocurre en el caso de los escarabajos. Son pupas obtectas si los apéndices están comprimidos contra el cuerpo. Esto ocurre en dípteros como las pupas de los mosquitos.

Pupa exarada de coleóptero. Fuente: Internet

En general el desarrollo de un insecto es bastante complicado. Desde la fecundación, pueden ser necesarios varios meses e incluso años para que un insecto alcance su fase adulta. En algunos casos los insectos permanecen en estado de huevo durante meses hasta que se produce un cambio de temperatura en el ambiente que induce la eclosión. Las larvas o ninfas también pueden prolongarse mucho en el tiempo. Por ejemplo, algunas libélulas necesitan no sólo alimentarse debidamente, sino contar con unas condiciones químicas del agua que de no darse les imposibilitan desarrollarse hasta su fase final.

Pupa obtecta de mosquito, especies que se desarrollan muy rápido, en cuestión de semanas. Fuente: Internet

Entradas relacionadas:
Acuario para insectos acuáticos: Reproducción (I)

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6/10/09

Las Hidras

Las hidras (o hydras) son unos cnidarios (al igual que medusas, corales o anémonas) que pertenecen a la clase Hydrozoa, más en concreto a la familia de los hydroideos. Existen numerosas especies, de las cuales los géneros más frecuentes son Hydra sp., Pelmatohydra sp. o Chlorohydra sp. Sin un análisis experto bajo el microscopio es prácticamente imposible determinar el género y especie para un aficionado, así que todas ellas suelen caer en el saco de su denominación vulgar. A diferencia de sus parientes, todas las hidras viven en aguas dulces.


Una hidra de gran tamaño nos ilustra perfectamente todas sus partes anatómicas. Autor: Isaac García

Presentan un cuerpo cilíndrico hueco (pie o tallo) en cuyo extremo se sitúa una boca rodeada de tentáculos radiales en número de 6 a 12. Esta forma se denomina pólipo y es la típica de los corales. Las células de su cuerpo son células musculares muy primitivas. Los tentáculos tienen células especializadas denominadas cnidocitos, con unas estructuras llamadas nematocistos que contienen microscópicos arpones provistos de sustancias tóxicas. Estos arponcillos o dardos se disparan al más mínimo contacto con una partícula exterior al nematocisto. Si se trata de un pequeño animal, este resulta paralizado por las neurotoxinas que contiene el nematociscto. Este mecanismo es común en todos los cnidarios y su efecto es bien conocido por el público en general debido a las medusas marinas. En la base del pie presentan el denominado disco basal, con células que segregan una sustancia adhesiva que les permite anclarse a cualquier superficie sólida, al igual que a las anémonas. Su tamaño oscila entre los 2 mm y los 3 cm siendo uno de los grupos de cnidarios más pequeños. Su color puede ser blanquecino, amarillento, verdoso o totalmente transparentes. Este color se lo confieren las algas que viven en simbiosis con las células del animal.

Podemos encontrar hidras en casi cualquier fuente de agua dulce corriente que no esté contaminada (arroyos, ríos, canales) incluso en aguas estancadas (charcas, lagos, embalses) con abundante presencia de zooplancton y fitoplancton. Favorece su presencia una abundante vegetación acuática y una buena oxigenación del agua. Hay especies de hidras a lo largo de todo el mundo aunque no son fáciles de observar ya que requieren una inspección minuciosa de plantas o pequeñas rocas bajo el agua.

Pequeño grupo de hidras nómadas en un acuario. Autor: Isaac García

No tienen grandes requerimientos en lo que respecta al acuario, de hecho aparecen en muchos de ellos de forma espontánea. Pueden darse en acuarios grandes o pequeños, desnudos o muy poblados de vegetación (por lo general que estén bien plantados favorece su aparición). Necesitan una corriente moderada para que haya buena circulación de nutrientes y de oxígeno. No toleran en absoluto el exceso de contaminantes en el agua (sólo aparecen en aguas limpias) pero soportan un amplio rango de pH, dureza del agua y temperaturas. No es necesario utilizar agua de ósmosis, calentador u otras atenciones especiales para mantenerlas (son muy tolerantes en este sentido).


En acuarios tranquilos no es raro que aparezcan grandes colonias de hidras entre la vegetación. Autor: Isaac García

Son especies que atrapan con sus tentáculos partículas en suspensión en el agua aprovechando las corrientes. Estas partículas pueden ser bien de origen vegetal (detritos, fitoplancton) o bien de origen animal (restos, larvas, zooplancton, invertebrados microscópicos). Al entrar en contacto las partículas sólidas con los nematocistos, éstos se activan lanzando diminutos dardos que liberan sustancias neurotóxicas y fijan las partículas. Posteriormente los tentáculos llevan el alimento hasta la boca en la base de los tentáculos. Existe la sospecha de que pueden alimentarse de pequeñas zoeas o larvas de gambas de pequeño tamaño, aunque este fenómeno es realmente extraño (a no ser que las hidras sean de gran tamaño). Por lo general, sus presas más grandes son cyclops, artemias o daphnias de pequeñísimo tamaño ya que sus tentáculos no son tan fuertes como los de otros cnidarios como las medusas o las anémonas. También es de destacar la simbiosis hidra-algas: las algas se benefician de la luz bajo la que se coloca la hidra y de los nutrientes que se desprenden de sus presas y a su vez la hidra absorbe parte de la materia vegetal que genera el alga en forma de azúcares. No todas las especies de hidras contienen la misma cantidad de algas ni las mismas especies. Por lo general las hidras verdosas (con alto contenido en algas) tienen menos dependencia de la depredación de pequeños animales.

Animales como los cyclops son potenciales presas para las hidras de mayor tamaño. Autor: Isaac García

Las hidras pasan casi todo el tiempo ancladas por su parte basal a rocas, hojas o tallos de plantas, incluso en el propio sustrato o en los cristales. Aprovechan las corrientes de agua para cazar su alimento con los tentáculos, dejándolos ondear en la corriente. Pese a ese inmovilismo duradero, las hidras se pueden desplazar por el acuario curvándose sobre ellas mismas y soltando la zona basal de donde estuviera anclada, moviéndose gracias a un movimiento que recuerda el ejercicio del pino-puente, dando vueltas sobre sí misma. De este modo las hidras que un día estaban ancladas en un lugar pueden, al día siguiente, estar en otra posición totalmente distinta. Si son atacadas o las condiciones son desfavorables, pueden replegar sus tentáculos y todo su cuerpo, comprimiéndose en una especie de esfera gelatinosa de pequeño tamaño. Las jóvenes hidras se emancipan de sus madres y se desplazan a otros lugares mediante este mecanismo para no competir por el alimento.

Archivo:Nematocyst discharge.png
Esquema de los nematocistos de las hidras. Fuente: Internet

Su reproducción es asexual y sexual. Los ejemplares de hidra producen asexualmente pequeñas hidras desde su tronco a partir de pequeñas gémulas o yemas (este mecanismo de reproducción se denomina gemación). Es frecuente ver que estas nuevas hidras crecen adheridas al cuerpo de sus madres durante varios días. En acuarios bien adaptados a ellas y en presencia de alimento su reproducción será bien sencilla. Si dividimos a una hidra en varios fragmentos cada uno de ellos generará (potencialmente) una nueva hidra. Su capacidad de regeneración es increíble, hasta el punto de que se consideran animales inmortales, con un potencial de regeneración ilimitado. Este mecanismo regenerativo se denomina morfalaxis. En ocasiones desfavorables pueden generar órganos sexuales masculinos y femeninos (individuos hermafroditas). Los gametos se liberan al medio acuoso donde se fertilizan y los huevos caen al sustrato donde pueden enquistarse para superar temporadas de sequía o de oscilaciones bruscas hasta que "brota" un nuevo individuo.


Hydra gemando sobre un termómetro. Autor: Isaac García

Dado su diminuto tamaño, serán compatibles con cualquier especie que no se alimente de ellas. Por lo general muchos peces las depredan por lo que es casi imposible mantenerlas salvo en tanques exclusivamente de invertebrados de carácter pacífico. También hay que tener en cuenta que las hidras de mayor tamaño podrán depredar zoeas de especies de gambas cuyas larvas sean muy pequeñas.

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4/10/09

Medusas de agua dulce

Hidromedusa. Fuente: National Geographic

Este tema también es uno de los grandes desconocidos para el público general. Realmente es poca la gente que sabe de la existencia de medusas dulceacuícolas. Las medusas pertenecen al grupo de los cnidarios. Reciben este nombre debido a que poseen unas estructuras llamadas cnidocitos o cnidoblastos, unas células especializadas para la captura de presas que contienen una especie de arpones (nematocistos) que saltan ante el contacto con animales que rozan sus tentáculos.

Dentro de los cnidarios también se encuentran los corales y las anémonas. Aunque eminentemente se trata de animales marinos, existe una pequeña proporción (el 10% de especies de medusas) que habitan entornos de aguas dulces o salobres. Estas medusas (pertenecientes al grupo de las hidromedusas) evolucionaron a partir de otras especies marinas que en periodos geológicos anteriores a los 50 millones de años quedaron atrapadas en el interior de continentes como África o Asia, adaptándose a las aguas con bajas concentraciones en sales disueltas. Hoy en día podemos encontrar especies de medusas de agua dulce por todo el planeta, sobre todo en cursos de agua estancada o muy lenta. Tal es el caso de los grandes lagos interiores de África, los sistemas lagunares de Asia, canales fluviales, pantanos, embalses, charcas y estanques de Europa, estuarios de grandes ríos sudameicanos, etc. Existen muchas especies de medusas de agua dulce conocidas, la mayoría de ellas rondan los 3 cm de diámetro en sus fases adultas. Se trata de especies en muchos casos invasoras, debido al comercio de plantas acuáticas que viajen alrededor de todo el mundo. De hecho el primer caso de introducción de estas especies conocido data del siglo 19 en Inglaterra, cuando en varios estanques y acuarios de algunos museos se introdujeron conjuntamente con plantas acuáticas procedentes de Latinoamérica y el sudeste asiático. Posteriormente aparecieron en toda Europa distintas especies de medusas que rápidamente colonizaron canales fluviales y pantanos. Hoy en día es relativamente sencillo encontrar a estos animales en muchas masas continentales de agua en diversos puntos de España.

Craspedacusta sowerbyi, presente en numerosos países de Europa. Fuente: Internet

Las medusas dulceacuícolas, de pequeño tamaño, se alimentan principalmente de plancton (fitoplancton y zooplancton) convirtiéndose en verdaderos agentes alterantes del medio ambiente allí donde aparecen. Los efectos para el ser humano son imperceptibles dado que no poseen la potencia tóxica de sus parientes marinos. No obstante suponen un riesgo notable para las comunidades de peces e invertebrados de lagos y otros ambientes cuyo equilibrio es bastante delicado, ya de por sí amenazado por causa del ser humano.

Esquema del ciclo vital de una hidromedusa. Fuente: Internet

Su ciclo vital se compone de cuatro fases principalmente. Los adultos expulsan sus gametos (células sexuales) al agua, que al fertilizarse generan un huevo que rápidamente se transforma en una plánula, una pequeña larva de vida libre, desprovista de tentáculos, que puede circular por el agua durante varios días. Finalmente las plánulas se asientan en los fondos sólidos, convirtiéndose en pólipos (la forma típica de los corales, anémonas e hidras). Estos pólipos se pueden multiplicar vegetativamente formando verdaderas colonias que atrapan a todos los microorganismos que pasan junto a sus tentáculos gracias a los cnidocitos, descargando vesículas de veneno letal para el zooplancton en cuanto entran en contacto con ellos. Finalmente los pólipos maduran y generan medusas adultas que se liberan del fondo y pasan a su fase de vida libre definitiva. A veces aparece una quinta fase de vida libre llamada frústula, que nace del pólipo y es muy similar a las plánulas. Estas frústulas pueden generar otras colonias de pólipos desplazándose a otros lugares.

Pólipos de hidromedusa. Fuente: Internet

Los pólipos, plánulas y frústulas a veces quedan atrapados en el agua de lastre de barcos fluviales, o adheridos al casco de estos barcos. Este factor les ayuda a dispersarse a nuevos habitats. Actualmente en numerosos ríos de Sudamérica como el Plata y el Amazonas o el Orinoco cuentan con varias especies de medusas introducidas de esta manera. De ellas las más conocidas y estudiadas son Blackfordia virginica.

Plánula de vida libre. Fuente: Internet

En España se han encontrado en varios pantanos y embalses ejemplares de Craspedacusta sowerbyi, originarias del río Yangtsé en China. En África encontramos a Limnocnida tanganicae, que se extiende desde los lagos del Nilo hasta el Lago Tanganika y otros grandes lagos del Valle del Rift. Ésta última sí es una especie que se encuentra en su habitat natural ya que evolucionó en el interior de África mucho antes de que los grandes lagos transformasen su agua salada en agua dulce, pasando de mares interiores a lo que conocemos en la actualidad.

Limnocnida tanganicae. Fuente: Internet

Pese a que estos animales cuentan con muchos detractores, también es cierto que en algunos países como Estados Unidos hay bastantes aficionados al acuarismo que las mantienen en acuarios controlados, pese a que su mantenimiento es complicado en cautividad. Sin duda son especies invasoras que no hay que perder de vista para la correcta preservación de los ecosistemas originales.

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Fabricación de Microsferas, las Ecosferas de bolsillo

Para ilustrar un poco mejor la idea de que en una ecosfera el volumen no es un factor limitante (en cuanto a funcionalidad biológica) voy a colgaros un "brico" rápido y sencillo de la creación de una ecosfera a tamaño reducido, más en concreto con un volumen total de 5 mililitros.

Los materiales necesarios son:
-Vial de 5 ml (en mi caso reciclados de un medicamento inyectable que uso con mis perros) bien lavado antes de empezar a usarlo.
-Superglue (o un pegamento similar para sellar la ampolla).
-Pinzas.
-Palillo, clip o alambre.
-Servilleta, papel o trapo para secar.
-Contenedor pequeño con las plantas que hemos elegido.
-Sustrato fino tipo arena (si viene de un acuario o estanque mejor).
-Ramitas, raíces o troncos (opcional), también pequeñas chinitas.
-Agua de un acuario ciclado, estanque o charca.



Con el vial descabezado (cuidando que los bordes no se astillen) introducimos casi hasta arriba agua de un acuario ciclado o de un estanque (con una buena colonia bacteriana y seguramente también con invertebrados microscópicos como cyclops, pulgas de agua, ostrácodos, etc.). También ponemos un centímetro de sustrato como arena fina de sílice (en este caso) o calcárea.





Una vez tenemos el sustrato cogemos con las pinzas las plantas que queremos plantar, en este caso unas briznas de "Cuba". Las introducimos con cuidado por el orificio hasta que estén dentro del agua.





Con un clip extendido, un alambre o un palillo fino empujamos la planta hasta el fondo y, con mucho cuidado, enterramos las raíces en el sustrato. Podemos ladear el vial para mover la arena de un lado a otro y así ayudarnos a enterrar las raíces.





Una vez que la planta está en el fondo podemos colocar pequeñas chinitas o ramitas a modo de troncos o rocas en un acuario convencional. Esto es meramente decorativo y opcional. Una vez que el acuario tiene el aspecto deseado secamos los bordes del cristal de la cabeza y el cuello del vial para aplicar un poco de superglue y sellar ambas partes. Hay que llevar mucho cuidado de que no entre pegamento en el interior del vial, lo cual contaminaría el agua y generaría serios problemas a este microecosistema. Aplicamos una suave presión durante unos 30 segundos y luego soltamos con mucho cuidado para que no se separen. Dejamos secar varias horas.





Una vez que el cristal está bien fijado con el pegamento podemos colocar el vial junto a una ventana donde tenga luz natural. Las microalgas y las plantas del agua producirán oxígeno y nutrientes para mantener este sistema cerrado durante mucho tiempo. Como se observa en la foto siempre hay que dejar una parte libre de agua para que haya algo de intercambio gaseoso. Los pequeños invertebrados de su interior sobrevivirán durante generaciones siempre que el sistema sea estable. Es importante no volcar el recipiente ya que de hacerlo las plantas se desenterrarían y no habría forma de arreglarlo sin romperlo. Con varios viales el resultado puede ser algo así:





Las limitaciones de estas nanosferas son muy evidentes, en 5 ml no podemos hacer grandes composiciones paisajistas y mucho menos pretender mantener una gran población de invertebrados. Sin embargo sí podemos disfrutar de una comunidad microscópica de cyclops, artemias, daphnias o pequeños moluscos como ferrissias, gyraulus o similares. Incluso podemos introducir algunos animales depredadores como hydras y planarias, siempre en pequeño número claro está. Este sería el equivalente a los bonsais en el mundo de los acuarios y las ecosferas.

Algunos de los animales que se pueden mantener en microsferas. Autor: Isaac García.

Hay que tener en cuenta que estos minisistemas son muy sensibles a cualquier cambio en el ambiente que los rodea, sobre todo a dos factores: la luz y la temperatura. Es por ello que deberemos prestar gran atención al lugar donde las depositamos, intentando que no incida la luz solar directa sobre ellas y que el ambiente no sobrepase los 28ºC de temperatura. Si lo hacemos correctamente, tendremos unas nanosferas que durarán meses en pleno vigor.

Entradas relacionadas: Fabricación de una Ecosfera. Una forma sencilla de mantener pequeños invertebrados.

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Fabricación de una Ecosfera. Una forma sencilla de mantener pequeños invertebrados

Lo primero que podríamos empezar comentando es el propio término de ecosfera. La ecosfera es una idea teórica en Ecología que fue desarrollada en el plano práctico por la NASA. Se trata de una esfera cerrada que recrea un ecosistema mínimo, donde hay productores primarios (plantas o algas), consumidores primarios (microorganismos) y consumidores secundarios (por lo general macroinvertebrados de pequeño tamaño). Dentro de esta esfera hay un sustrato y un medio, en este caso el agua, con una parte gaseosa (aire en superficie). La idea es que la ecosfera pueda generar todos los ciclos bioquímicos imprescindibles para el desarrollo y mantenimiento de la vida independiente del exterior, al menos en parte ya que la energía que utiliza este sistema sí que proviene del exterior (realmente sería un sistema semiabierto, ecológicamente hablando). El ciclo, muy resumidamente, que se desarrolla en una ecosfera es el siguiente: la luz del sol (o de otras fuentes de iluminación) aporta la energía necesaria para que algas y plantas se desarrollen a un ritmo lento; a su vez esta generación de materia vegetal posibilita que se desarrollen microorganismos como protozoos y diminutos animales; a su vez, estos microorganismos y sus productos constituyen el alimento, junto con las algas y plantas de la esfera, para otros consumidores secundarios. En un sistema teórico, esta esfera llegaría a alcanzar un equilibrio ecológico, donde las entradas de materia-energía serían iguales a las salidas… en otras palabras, lo comido por lo servido.

Ecosferas comerciales. Fuente: Internet

Estas ecosferas se comercializaron inicialmente hace unos años con el nombre de “migi-cubes” y “migi-spheres” según la forma que tenían (en realidad la forma es lo menos importante). En el mercado estos artilugios alcanzan valores exorbitados muchas veces fuera del alcance del comprador medio. La clave de su éxito es que no necesitan mantenimiento (en realidad sí lo necesitan pero es mínimo). Por el contrario, al ser sistemas cerrados no podemos intervenir en caso de que algo vaya mal y, en todo caso, su vida útil es muy limitada, a lo sumo unos 3 años aproximadamente y en las mejores condiciones. El sistema funciona bastante bien pero no es perfecto, es decir, nunca llega a ese equilibrio teórico, al cual sí se acerca, pero está lejos de ser un ecosistema perfecto.

El funcionamiento de una ecosfera es realmente simple (en cuanto a las atenciones que debemos prestarle, entender la complejidad del sistema en profundidad es otra cosa). Simplemente hay que procurar que la ecosfera esté en contacto con la luz del sol y a una temperatura adecuada que puede variar entre los 10 y lo 28ºC (vamos, como cualquier acuario). Con esto nos aseguramos de que las plantas/algas se desarrollen bien en su interior. Si este paso funciona, los demás niveles tróficos se regulan por sí mismos (si hay mucha producción de algas, se generarán muchos microorganismos, si la producción baja, el crecimiento de microorganismos se estancará o la población caerá, etc.).

La construcción de una ecosfera en plan casero es bastante simple si disponemos de los materiales adecuados. En este caso voy a enseñaros a hacer un “eco-bote” (porque realmente no es una esfera como veréis) con un bote de vidrio de Nocilla, por ejemplo, con su tapa incluida. El funcionamiento a nivel práctico de un bote de cristal cerrado es el mismo que una ecosfera comercial, simplemente es menos estético (o no, no tiene porqué). Lo que sí es fundamental es que la tapa cierre herméticamente y que los cristales sean lo más nítidos posibles, ya que de lo contrario no conseguiremos el efecto deseado.

Bote de vidrio. Puede ser de cacao, café, etc. Autor: Isaac García

El volumen en una ecosfera no es importante, podemos hacer una desde medio litro hasta el litraje que queramos o podamos. El funcionamiento es el mismo independientemente del volumen. En lo único que va a influir es en los animales que podamos meter dentro.

Para su fabricación únicamente necesitamos un bote de vidrio (en este caso uno de Nocilla) con su correspondiente tapa. Si la tapa es de metal acabará oxidándose, alterando el equilibrio ecológico en el sistema y probablemente ocasionando colores no deseados o que el bote se haga inservible en unos meses. Las tapas de plástico son más aconsejables, aunque algunas liberan sustancias similares a las hormonas que alteran el desarrollo de animales y plantas… pero bueno, es lo que se puede hacer en plan casero, es la diferencia entre gastarse 3€ o gastarse 50, la diferencia es notable. Además con este método podremos abrir y cerrar el recipiente, así que en cualquier momento podremos reiniciar nuestra ecosfera (cosa que con las comerciales es imposible). Los cristales del bote, cuanto más lisos y rectos mejor, ya que así evitaremos el efecto lupa o curvatura, producido por el vidrio doblado. Un bote más ancho que alto es mejor que uno más alto que ancho. Esto es así porque cuanto más alta es la columna de agua peor es la difusión de gases en las partes más bajas.


Bote de mermelada, conchas vacías, arena y alguna roca. Precio total: 0,89 €. Autor: Isaac García

Una vez tenemos nuestro bote (también sirven los de mermelada, encurtidos, botes de conservas, etc.) colocaremos el sustrato que queramos. Si colocamos sustratos de granulometría gruesa o media parecerá que está metido a presión y quedará estéticamente poco vistoso. Como es de suponer que vamos a trabajar en volúmenes muy pequeños (de entre 0,5 a 2 litros) la mejor elección es arena o gravilla muy fina. Colocaremos aproximadamente sustrato hasta llegar al 5% de la altura del recipiente (1-2 cm). Podemos poner alguna piedrecita o rama de pequeño tamaño a modo de decoración pero sin sobrecargar el bote. Una vez tenemos el sustrato y la decoración podemos introducir alguna planta de bajo porte (musgo, sagitaria, “Cuba”, eleocharis, etc.). Debemos tener en cuenta que al ser un sistema cerrado las plantas se desarrollarán muy poco, prácticamente nada, llegando a estancarse su crecimiento, por lo que conforme las coloquemos seguramente permanecerán igual durante meses (al menos nosotros no advertiremos su crecimiento). No debemos preocuparnos por la proliferación de algas en los cristales ya que al competir por los recursos con las plantas no llegarán a colonizarlo todo, además de que los nutrientes en el agua serán muy escasos.


Un diseño muy simple con arena, cantos rodados, vallisneria y eleocharis, con tres gambas red cherry en su interior y algunas Melanoides granifera. Autor: Isaac García


Una vez que tenemos claro el diseño que queremos para nuestro pequeño acuario autosustentable simplemente debemos llenarlo de agua hasta el 80-90% aproximadamente. El dejar un 10-20% de volumen de aire favorece los ciclos de intercambio gaseoso de oxígeno, CO2 y nitrógeno entre el agua y esta capa, esto es fundamental. El intercambio gaseoso no se hará por la remoción de la capa superficial, como ocurre en un acuario con filtro o con aireador, sino que se producirá por diferencia de presiones parciales de los gases contenidos en el agua y en el volumen seco superior (si hay poco oxígeno en el agua, éste entrará por diferencia de presión desde la bolsa de gas superior, etc.). Este mecanismo es lento, por lo cual no debemos superpoblar la esfera ni de plantas ni de animales. Los seres más pequeños (aquellos que intercambian mejor los gases con su entorno) serán los idóneos para vivir en estas condiciones.

El agua de llenado es muy importante. Evidentemente no puede estar clorada porque al ser un sistema cerrado nunca se evaporaría el cloro y tendríamos un bote muy bonito pero sin prácticamente vida en él. Tampoco debe ser agua embotellada porque no contiene microorganismos. Lo mejor es utilizar agua de un acuario maduro o de un estanque, lago o charca ya que contendrá cientos de especies de microorganismos (bacterias, protozoos, hongos, algas, etc.) y consumidores primarios (cyclops, ostrácodos, daphnias, etc.). Del mismo modo ese agua ya aportará algunos nutrientes al sistema (materia orgánica, nitrógeno, fósforo, calcio…).

Es aquí donde debemos elegir los animales que vamos a introducir. No es necesario decir que su cantidad será muy reducida. Por ejemplo, en un bote de mermelada de 300 ml sólo cabría una gamba tamaño Red cherry, por ejemplo, o un par de planorbis, o un grupo de daphnias, etc. Debemos tener claro que en este acuario no vamos a reproducir animales, simplemente a mantenerlos, por lo tanto lo curioso del artilugio es su funcionamiento, que no requiere prácticamente atenciones y que lo podemos desplazar de un lado a otro con relativa comodidad. No debemos pretender montar un acuario amazónico con varias especies reproduciéndose porque directamente es imposible. Simplemente las especies más pequeñas podrán reproducirse (hydras, protozoos, cyclops, ostrácodos, moluscos diminutos...). Esto es un experimento muy curioso, que podemos tener junto al ordenador en el escritorio o llevarlo a nuestra oficina o tenerlo en una clase de un colegio para que lo vean los niños, pero está claro que tiene muchas limitaciones.

Una vez que esté montado cerramos la tapa. Colocamos la ecosfera cerca de una fuente de luz solar pero que no incida directamente en el cristal porque se calentaría y cocería literalmente todo lo que hubiera dentro. Una vez hecho esto “nos olvidamos” de ella… ya no hay que hacer nada más, ni echarle comida, ni hacer podas, ni preocuparnos por el pH o la dureza o la temperatura… nada. El sistema se regulará solo. Si se produce una bajada de pH el sistema lo estabilizará hasta su punto de equilibrio. Una vez lo alcance las variaciones serán prácticamente nulas. Este sistema se puede prolongar mucho en el tiempo, si se hace bien incluso varios años. Los animales que coloquemos morirán cuando consuman su ciclo vital, al igual que los de un acuario convencional. Cuando esto ocurra podemos abrir y sustituirlos o simplemente dejarlos que se descompongan aportando nutrientes al sistema, con lo cual habrá un brusco desequilibrio puntual que se corregirá con el tiempo gracias a bacterias y plantas. Es muy recomendable realizar esta experiencia para entender mejor cómo funciona un ecosistema. Es muy barato (bote de vidrio 1-3 €, plantas de una poda, un poquito de sustrato y agua de estanque, una o dos gambas o caracoles…), se utilizan materiales reciclados si se tienen, es sencillo de montar y duradero, no requiere sistemas de iluminación, filtración o calefacción… ¿se puede pedir más?

Ecosfera casera en nuestro lugar de trabajo. Autor: Isaac García

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16/9/09

Acuario para insectos acuáticos: Reproducción (I)

Los machos del escorpión acuático Abedus sp. portan alrededor de 150 huevos sobre su espalda hasta el momento de la eclosión. Es un ejemplo del complejo comportamiento reproductivo de algunos insectos. Fuente: National Geographic

Este puede ser quizá el aspecto más difícil que vamos a ver en el tema de los insectos, tanto de abarcar como de comprender y llegar a conseguir reproducir en un entorno controlado, es decir, en un acuario o acuaterrario. Para ello, como siempre, debemos tener unos conceptos teóricos previos que nos permitan comprender cómo se desarrollan los insectos acuáticos y hasta qué nivel de requerimientos podemos alcanzar en unas instalaciones cerradas. Estos conocimientos serán muy superficiales, al menos lo que veamos en esta entrada, ya que la enorme diversidad de este grupo hace que sea inabarcable el concentrar toda su biología reproductiva en una simple entrada de blog, cuando existen libros y libros dedicados por completo a este punto.

Aun así, vamos a intentar dar unas suaves pinceladas por encima de este apasionante mundo. Para ello podemos empezar con una breve serie de términos relacionados con la anatomía reproductiva de los insectos:
Gónadas: órganos donde se desarrollan las células reproductoras (testículos y ovarios).
Gonoductos: estructuras por donde viajan o donde se alojan las células sexuales (oviducto y espermiducto).
Gonoporo: orificio donde desembocan los gonoductos.
Vesículas o glándulas reproductivas: órganos secundarios o accesorios para la reproducción.
Otras estructuras: aparato copulador (para la cópula), ovopositor (para la puesta de huevos), etc.

Hembra de libélula perforando una hoja con su ovopositor, situado en el abdomen, para depositar los huevos en su interior. Fuente: Internet

Los órganos accesorios son muy importantes para los insectos, ya que algunos añaden a la puesta sustancias químicas que les dan flotabilidad (los mosquitos, por ejemplo) o que favorecen el intercambio de oxígeno, sustancias protectoras, adhesivas, etc. En los machos, algunas de estas glándulas segregan sustancias que aturden o paralizan a las hembras durante la cópula o que inducen algún comportamiento en sus parejas (inhiben el instinto predador o de huida, etc.).

La flotabilidad de los huevos de mosquito se debe, entre otros factores, al recubrimiento que segregan las glándulas accesorias de las hembras. Fuente: Internet

Dentro de los insectos, la inmensa mayoría son ovíparos (los embriones se desarrollan a partir de un huevo), aunque los hay ovovivíparos (se desarrollan dentro de huevos pero en el interior de la madre) y verdaderos vivíparos (que se desarrollan directamente dentro de la madre).

También, dentro de la reproducción sexual, se puede diferenciar entre anfigónica (en la cual participan los dos sexos) y partenogénica (donde un individuo solo, la hembra, puede generar descendencia). En este último caso hablamos de reproducción anfítoca si la descendencia incluye machos y hembras indistintamente, arrenótoca cuando sólo hay como descendencia machos, y telítoca cuando sólo nacen hembras. La partenogénesis frecuentemente suele ser un mecanismo de control reproductivo muy complejo sujeto a las condiciones ambientales.

Dentro de los insectos acuáticos, la gran mayoría son de reproduccon sexual anfigónica, es decir, necesitan aparearse machos con hembras para engendrar descendencia. Pareja de Lancetes claussi. Fuente: Internet

La fecundación (el momento en el que se produce la transferencia de células sexuales y su posterior unión) puede ser externa o interna. La fecundación interna es un mecanismo más "moderno" evolutivamente hablando, adaptado al medio aéreo en el que el esperma no puede desplazarse con movimientos natatorios. Normalmente los artrópodos acuáticos suelen preferir la fecundación externa ya que en el medio acuoso es mucho más sencillo que se produzca de este modo sin estructuras accesorias (en el aire esto sería imposible). Sin embargo muchos de los insectos acuáticos, los cuales han evolucionado de insectos terrestres y han vuelto al algua tras millones de años en tierra (no lo olvidemos), siguen con sus costumbres reproductivas ligadas al medio terrestre. De hecho, muchos de los insectos subacuáticos siguen subiendo a la superficie para aparearse.

Los zapateros necesitan aparearse fuera del agua pero viven sobre ella continuamente. Fuente: Internet

Los remeros como Notonecta glauca pueden aparearse en la superficie o bajo el agua. Fuente: Internet

La transferencia de esperma del macho a la hembra puede ser directa o indirecta. Es directa en el caso de que ambos ejemplares coincidan en el mismo lugar en el mismo tiempo y se produzca una cópula verdadera (una inseminación directa). Es indirecta si el traspaso del esperma es por medio de un espermatóforo, una bolsa más o menos compleja que aloja el esperma en su interior. El macho puede colocar este espermatóforo en algún lugar estratégico para que cuando pase una hembra lo recoja (es decir, sin presencia de la hembra), puede presentárselo a la hembra, colaborar con ella en el acoplamiento del espermatóforo o incluso introducir el espermatóforo en el cuerpo de la hembra. En cualquier caso no se trataría de una cópula verdadera o directa, donde intervendrían órganos sexuales. En general, cuanto más compleja y directa es la transferencia del esperma, más evolucionada es la especie en cuestión. Las especies con transferencia directa a través de la cópula son aquellas más evolucionadas, las cuales se aseguran con esta práctica de que la reproducción concluye exitosamente.

Las efímeras se aparean en el aire nada más completar su desarrollo. Una vez que realizan la cópula y la puesta en el agua mueren todos los ejemplares adultos. Fuente: Internet

Los machos de insectos que realizan cópulas poseen uno o varios penes que pueden estar articulados o adornados con estructuras accesorias según el caso (garfios, púas, ganchos...). Muchas veces este rasgo anatómico sirve para identificar especies muy similares.

Pareja de libélulas copulando. El macho transfiere a la hembra un espermatóforo desde su abdomen. Fuente: Internet

Una vez que las hembras recogen el esperma pueden fecundar directamente los óvulos o almacenar el esperma en espermatecas que emplearán posteriormente. A veces tras una fecundación, las hembras pueden almacenar esperma para varias ocasiones, muy separadas en el tiempo en algunos casos (por ejemlo, muchas hormigas reina son fecundadas una única vez en su vida, tras lo cual pasan años engendrando a su prole).

Algunos tricópteros depositan masas gelatinosas de huevos en hojas situadas sobre el agua. Fuente: Internet

Las puestas de huevos pueden ser flotantes sobre el agua, pegajosas (sobre animales, plantas, rocas...), en ootecas (estructuras de protección), en cadáveres en descomposición, en el interior de otros animales vivos o de sus huevos (parásitos y parasitoides), dentro de tejidos de plantas, enterradas en el sustrato, etc. Las hembras de algunos insectos poseen un órgano especial llamado ovopositor, dedicado a la puesta de los huevos en algún tipo de medio específico.

Una vez que las hembras de mosquito son fecundadas y se han alimentado debidamente, realizan la puesta de huevos sobre el agua. Fuente: Internet

Existen insectos que realizan la puesta de forma aislada y discreta. Otros en cambio se congregan en enjambres de miles o millones de ejemplares para realizar este ritual. Normalmente los insectos de ciclos anuales o cortos llevan a cabo esta práctica mientras que los insectos de vida larga son más discretos.

Las efímeras se congregan en grupos de millones de individuos sobre lagos y ríos para reproducirse. Fuente: Internet

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